Como Tener Éxito – y Seguir con Vida – Entendiendo Los Verdaderos Riesgos.

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dsc_1008Capitulo 3: Separar Probabilidad de Consecuencia: Como Tener Éxito – y Seguir con Vida – Entendiendo Los Verdaderos Riesgos.

Para ver otros capítulos – Capitulo 1 – Capitulo 2  – Capitulo 3 – Capitulo 4  capitulo 5capitulo 6

En el verano de 1975, un joven escalador llamado David Breashears fijó su mirada sobre una bella e inexplorada laja de roca que se elevaba desde la base de un acantilado al sur de Boulder, Colorado. Por años, ningún escalador había intentado seriamente escalar dicha sección. “Algún día esto será escalado, pero no en esta generación” dijo a más de un escalador mirando la lisa hoja de piedra.

El desafío radicaba no en la dificultad de la escalada, si no en la ausencia de protección natural. Breashears no divisaba fisuras donde hacer espacio para empotradores y él era parte de una época anterior a que se convirtiera en aceptable instalar tornillos autoexpansibles directo sobre la roca. (Los empotradores son pequeñas piezas de metal con un cable conector al cual conectar una cinta express y la cuerda. Pueden ser instalados en secciones de fisuras donde su disposición en cuña los bloquea junto a la roca, deteniendo eventualmente la caída). La pared se elevaba mortalmente vertical por algo de unos cinco pisos, con pequeñas piedras y afilados bordes, para luego comenzar una sección desplomada unos 15° de la vertical, con agarres que impresionaban más grandes. Para Breashears, la sección inferior parecía el principal problema – donde la caída podía significar alguna lesión, pero no la muerte.

Brashears se dirigió a la ruta, arrastrando una cuerda y portando una pequeña selección de empotradores que confiaba instalar dentro de unos de los bolsillos luego de la sección dura. Ya a la altura de 50 pies (17 mts. aprox.), con el desplome insinuándose sutilmente, tuvo una revelación horrible: la escalada por venir podría ser incluso más difícil que los movimientos de apertura y aún no había espacio para empotradores. Ahora la roca se transformaba en una laja pulida por el agua que corría desde hace de miles de años y los agarres eran romos, sin ningún filo para traccionar.

Repentinamente, la cuerda cayó de su arnés en un loop arqueado, clipeada absolutamente… a nada. Estaba sin equipo, sin agarres de ningún tipo. Si caía, se desplomaría 60 pies (20 mts. aprox.) directo a un revoltijo de boulders del porte de un sofá que estaban sembrados en la base. Con una aceleración de 32 pies/seg (10 mts./s aprox. por la fuerza de gravedad) se estallaría en el campo de rocas a unas 50 millas por hora (80 kms./hr.aprox.). Ka-Smack! Un escaldor muerto.

¿Es esta una situación riesgosa?

Bueno, depende de tu concepción de riesgo.

Para David Breashears, no era una situación riesgosa. Seguro, las consecuencias de una caída serían severas, pero las probabilidades de caer eran cercanas a cero. David era un escalador muy dotado y se encontraba en su mejor momento, por lo que para él, la ruta era un puzle a resolver, pero no uno particularmente difícil. Era como intentar un puzle de palabras cruzadas nivel experto del New York Times (un puzle desafiante, pero dentro de sus capacidades) con las siguientes instrucciones: si no lo resuelves, te empujamos a una caída de 60 pies hacia tu muerte. Las consecuencias de fallar son extremas, pero las probabilidades de hacerlo son bajas.

Por supuesto, si el participante permite que las consecuencias de fallar lo induzcan a una serie de decisiones pavorosas, podría equivocarse y ser lanzado acantilado abajo. Y si Breashears hubiera permitido a la potencial caída de 60 pies infectar su cerebro, podría haber muerto. Pero no lo hizo. Él estaba capacitado para separar las consecuencias de caer con las probabilidades de caer y escaló con focalizada precisión hasta el final, estableciendo una nueva ruta llamada “Perilous Journey (Viaje Peligroso)”. Desde esa fecha en 1975, menos de una docena de escaladores han ascendido la ruta de primero. No por su dificultad en particular (es un 5.11 en una escala de 5.15), sino por las severas consecuencias en el caso de caer.

A la fecha, nadie ha muerto en “Perilous Journey”. La gente que ha elegido escalarla son aquellos cuyas posibilidades de caer son cercanas a cero, pero que entienden que no importa cuan fácil o difícil sea la escalada; o cuan alta o baja sea la probabilidad de caer, si caes cientos o miles de pies, las consecuencias son severas. Ellos se dirigen a la ruta con total consciencia respecto no sólo a la escalada, sino también a la potencial caída. Ellos no permiten que la potencial caída les haga ruido, pero igualmente, no escalan con una actitud arrogante.

Resulta que algunos de los episodios más trágicos de la escalada en roca han tenido lugar cuando los escaladores han administrado mal esta distinción, siendo indiferentes en terreno fácil. Tomemos el caso de Cameron Tague. El 6 de Julio del 2000  realizó la aproximación a la “Diamond Face (Cara Diamante)”, ruta de unos mil pies (330 mts. aprox.) de puro granito, que se inicia, valga la redundancia, a unos mil pies por sobre otro acantilado llamado “the Diagonal (la Diagonal)”. Para llegar a la “Diamond Face”, decidió hacer una travesía desde el lado de “the Diagonal”, para luego avanzar a lo largo de una pendiente saliente en la base de “Diamond Face”. La saliente travesía, llamada “Broadway”, marca el punto de separación entre los dos acantilados – “Diamond Face” unos mil pies hacia arriba; “the Diagonal” unos mil pies hacia abajo. Para un talentoso escalador como Tague, sería una travesía fácil hacia la base de “Diamond Face”; y para ahorrar tiempo para la delicada escalada por venir, ni siquiera se molestó en encuerdarse, resaltándole a su compañero lo grandioso que sería el día. De alguna forma, justo cuando alcanzó el punto en la travesía donde los mil pies de “the Diagonal” caían bajo él, perdió su concentración, empujó sobre una pieza de piedra floja y se tambaleó hacia atrás. Tagued intentó recuperar su balance, sus manos se agitaban y agarraban por los alrededores mientras se deslizaba al borde de la cornisa, más no pudo detenerse. Desapareció por el peñasco y cayó 800 pies (270 mts. aprox.). Las probabilidades de caer eran remotas, pero las consecuencias eran letales.

Separar probabilidad de consecuencia se aplica no solo a la escalada, sino también al trabajo, vida y negocios. In 1994, cuando Intel Corporation descubrió por primera vez una falla  en su microprocesador Pentium (en el punto decimal flotante para ser precisos), los ingenieros estimaron que causaría un error de redondeo una vez cada nueve millones de divisiones, o sólo una vez cada veintisiete mil años de uso promedio de hojas de cálculos. Esta astronómicamente pequeña probabilidad cegó a los líderes de Intel de preocuparse sobre las astronómicas consecuencias al otro lado de la moneda, entendiendo que los productos de la empresa se han convertido en una marca ampliamente consumida por usuarios más allá de su base tradicional de sofisticaciones tecnológicas. Cuando ese evento “1 en un billón” le sucedió a un profesor de matemáticas, encendió un explosivo debate en internet, que a su vez, captó la atención de los medios. Como gerente general de Intel, Andy Grove describió en su libro “Only the Paranoid Survive (Sólo los Locos Sobreviven)” [un buen título para escaladores en todo caso], como Intel se encontró a si misma acosada por CNN, ridiculizada por la prensa y sacudida por clientes insatisfechos.

El 12 de Diciembre de 1994, Grove se despertó para leer el petrificante titular –“IBM detiene todos los embarques de computadores con base Pentium”. Finalmente, Intel pagó $ 475 millones en amortizaciones – una suma equivalente a la mitad del presupuesto en investigación y desarrollo o a 5 años de gasto en publicidad.

A pesar de que Intel no sucumbió debido a la caída como Cameron Tague, ciertamente se estrellaron contra una terraza y se destrozaron por lo menos una pierna. Para beneficio de Intel, aprendieron de su experiencia y cambiaron su forma de hacer negocios, teniendo en cuenta las consecuencias, no sólo las probabilidades.

La lección clave aquí es ser claro en la diferencia entre probabilidad y consecuencia y actuar acorde a ello; saber cuando tiene sentido escalar para caer (lección #1) y cuando no. En ruta peligrosas como “Perilous Journey”, o incluso en el fácil acercamiento a “Diamond Face” deberías evitar “escalar para caer” – sin importar lo fácil o difícil del terreno. En rutas deportivas con grandes y sólidos bolts (como “Crystal Ball”) puedes lanzarte a duras escaladas con un 5% de éxito y dejarte llevar a un modo 100% comprometido. Sería escalofriante, pero no peligroso.

Separar probabilidades de consecuencias – ser capaz de ver claramente cuando las consecuencias de fallar son mínimas – es la clave para liderar la vida empresarial. Cuando enseñaba en la Escuela de Negocios de Standford, muchos de mis estudiantes erraban en comprender esta distinción y eso limitaba sus opciones. Una vez, una estudiante vino a mi oficina y me dijo –“Realmente he deseado comenzar mi propia compañía, pero parece muy riesgoso, por lo que tomaré un trabajo en IBM”

“¿Qué pasaría si intentaras por todos tus medios iniciar tu propia compañía y fallaras?” le pregunte. “¿Qué harías”

“Supongo que iría y tomaría un trabajo” dijo.

“Y con tu respaldo, energía y habilidades – ¿Cuán difícil eso sería?”

“No muy difícil”

“Entonces, me estás diciendo que en el peor de los casos fallarás y estarás de vuelta exactamente donde estás ahora: buscando para tener un trabajo regular”

Para una egresada de un MBA de Standford, emprender es como intentar una ruta deportiva bien protegida escalando a morir. Seguramente las posibilidades de éxito son pocas, pero las consecuencias de caer son mínimas. La cuerda le atraparía. Decidió entonces partir por su cuenta, se esforzó al máximo y logró hacerse camino, construyendo un sólido comienzo. Comienzo que podría nunca haber conocido si es que no hubiera separado probabilidad de consecuencia. Si no hubiera visto su MBA como un sólido bolt que la atraparía, no habría estado dispuesta a lanzarse a sí misma en “modo a caer, 100% comprometida”.

En un juego con consecuencias severas al caer, hay que estar concentrado, sin importar cuán baja sean las posibilidades de fallar. En un juego con mínimas consecuencias al caer, puedes tomar desafíos con pocas opciones de triunfar y lanzarte a ti mismo al esfuerzo de “escalar para caer”.

Por su puesto, hemos dejado sin responder como plantear un escenario probabilidad/consecuencia distinto: altas probabilidades de caer combinado con severas consecuencias. A menos que estés en busca de verdadera aventura o de Kleos (antigua noción griega de gloria eterna alcanzada a través de la realización de hechos heroicos), yo recomiendo alejarse de esta combinación. Pero si eliges esta extrema forma de aventura y aceptas la chance real de morir o de mutilarte a ti mismo, asegúrate de darte la mejor cobertura posible contra los riesgos: elije al compañero adecuado. Eso nos lleva a nuestra próxima lección desde la escalada como sala de clases.

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