Epilogo: Sobre Convertirse en un Experto Principiante

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_dsc4446Capitulo 6 – Epilogo: Sobre Convertirse en un Experto Principiante

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Después de escalar por 25 años, decidí anotarme con un profesor de escalada. Noté que mi escalada había caído en una meseta y estaba curioso por ver si podía continuar creciendo como escalador más allá de mis 40s.

Mis amigos pensaron que era raro. ¿Qué podría un profesor de escalada enseñarme, después de todos estos años y cientos de rutas duras?

Resulta ser la pregunta equivocada. No para siempre, pero si para comenzar. Las lecciones más importantes de mis profesores de escalada – Nick y Heather Sagar – radicaron no en que tenía que aprender, sino en que tenía que desaprender.

A finales de los 70s, las rutas desafiantes se diferenciaban considerablemente de las rutas deportivas de hoy, en que estas tendían a ser aplomada o cercanas a la vertical. Si rapeleabas, usualmente eras capaz de tocar la roca todo el camino abajo. Las rutas deportivas modernas, en contraste, frecuentemente sobresalen en 10, 30 o incluso 50 grados de la vertical, formando empinados desplomes. En tales rutas, puedes llegar a escalar 40 pies horizontalmente (13 mts. aprox.) por cada 100 pies (33 mts. aprox.) de vertical. Cuando caes, usualmente lo haces por el aire, sin nada que golpear y con un gran bolt para atraparte cuando la cuerda se tensa, en contraste con las rutas del antiguo estilo en las cuales te resbalabas y te golpeabas en la cara y extremidades, perdiendo trozos de piel (y todo esto si el primer empotrador te sostenía). En las modernas rutas equipadas con bolts, las consecuencias de caer son mínimas; puedes caer todo lo que quieras, mientras que en  muchas rutas tradicionales debes hacer todo lo posible para no caer.

Cuando Nick y Heather comenzaron a trabajar en mi, mis años de experiencia en temibles y verticales escaladas me enseñaron a tenerle miedo a las caídas y me arraigaron un cuidadoso y deliberado estilo que se aseguraba de la sobrevivencia. Esta conservadora manera impedía a mi habilidad subir rutas modernas duras, ya que requieren de constantes y dinámicos movimientos al borde de tu límite. Para escalar una ruta moderna que este en tu límite absoluto se requiere de docenas de caídas antes de lograrla – de otra manera, bueno, no sería a tu límite. Entonces, como un vil principiante, Nick y Heather me enseñaron como caer. Una de las tareas de Heather: “Para el próximo año, quiero que sufras de miles de caídas liderando”

Obedientemente empecé a saltar desde las rutas. Al principio tome pequeñas caídas de bebé. Pero después de cientos de caídas pequeñas, comencé a saltar de la roca buscando caídas más largas. Casi llegué a disfrutarlas.

“Ahora viene la parte dura” me consolaba Nick. “Necesitamos hacer de ti un peor escalador por un tiempo, para que puedas convertirte en un mejor escalador. Todas tus técnicas y trucos para subir rutas verticales te dificultan a la hora de subir rutas desplomadas y duras. Cuando entras en dificultades en una ruta dura, acudes a tus fortalezas y es por eso que caes”

“Pero siempre he creído que uno debería jugar con sus puntos fuertes” respondí.

“Sí, siempre y cuando tus fortalezas sean de ayuda para la tarea en cuestión. Pero en tu caso, todas tus viejas fortalezas que solían servirte ahora son hábitos perjudiciales – por lo menos en el mundo de las rutas de dificultad. Necesitas construir un nuevo set de fortalezas desde cero y, lo más importante, no basarte en las antiguas a la hora de escalar. Esto significa que tendrás que bajar unos grados de dificultad mientras aprendes.”

Nick y Heather me hicieron intentar un problema en el muro para demostrarme, y realicé 5 o 6 movimientos de pies para mantener mi cuerpo estable (manteniendo el control como siempre lo había hecho). Pero en mi deliberado estilo me quedé sin fuerzas. “¡No!” gritó Heather. “hazlo como Nick.” Nick tomo las mismas presas, colocó relajadamente sus pies, alzó una pierna en un gran movimiento arqueado y catapultó su cuerpo hacia arriba en un gran tiro dinámico. ¡Ka-whap! En un segundo, estaba arriba a los mismos diez pies (3 mts. aprox.) que yo había rondado. Él escaló más como un acrobático gimnasta en una barra de altura, mientras que yo escalé como un  obrero trepando una escalera.

Mi escalada, en efecto, empeoró por un tiempo. Pero luego las nuevas técnicas comenzaron a hacer efecto y sentía la excitación del progreso, de convertirse en experto de nuevo – con un nuevo estilo y mentalidad. Estaba en medio de mis 40s, sintiendo una pasión por la escalada que no había sentido desde mi adolescencia.  Mas que estar deprimido por “retroceder para poder avanzar”, sentía renovadoras energías. Como estar girando un volante gigante en una nueva dirección; tenía mucho trabajo que hacer para mantener la máquina en movimiento. Pero mientras el volante comenzaba a generar más y más momentum, sentía la excitación de verlo romperse y estallar de una a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho, de ocho a 16, a 32, a 64, a 128, a miles de revoluciones por minuto. El sentimiento de progresión actuaba como un motor interno de motivación, lo que me llevaba a entrenar mejor, lo que me llevaba a estar más tiempo en el volante, lo que me motivaba más aún, lo que producía mejor escalada, y más motivación y así y así sucesivamente. El mismo proceso de mejora y de crecimiento se volvió en la parte importante de todo esto.

Noté que muchos de mis amigos escaladores no tomaron el curso de Nick y Heather. Me mantuve incentivándolos para que lo intentaran, para ser mejores escaladores. Repentinamente, caí en cuenta: después de años escalando y de pensar que ya eran expertos, se sentían inconfortables con la idea de convertirse en principiantes de nuevo y se rehusaban a intentar nuevas técnicas. Entonces, se quedaron con sus antiguas fortalezas y continuaron escalando a gran nivel – pero a mucho menos nivel del que podrían potencialmente escalar si fueran principiantes de nuevo.

En su clásico libro, “The Discoverers (Los Descubridores)”, Daniel Boorstin argumenta que la primera barrera para el progreso humano no es la ignorancia, sino la ilusión de conocimiento y la dedicación especializada. Los mejores descubrimientos, según Boorstin, no los realizan los más inteligentes o los más talentosos, sino aquellos quienes son – o tienen la disciplina para mantenerse – como expertos principiantes en un determinado campo. Ellos ven más claramente la manera en que el mundo realmente funciona debido a que están menos cargados del conocimiento de lo que se supone deben ver. Lo mismo vale para cualquier esfuerzo creativo o empresarial, requiriéndose la precisión de un científico y el asombro de un niño.

Vislumbré el mismo patrón en los grandes líderes corporativos que estudié en mi investigación, desde David Packard hasta Sam Walton. Walton, fundador de Wal-Mart, se veía a sí mismo no como un experto en retail (venta al detalle, rubro empresarial especializado en la comercialización masiva de productos a grandes cantidades de clientes, estilo Ripley) si no como un eterno estudiante de su oficio, siempre haciéndose preguntas y tomando cada oportunidad para aprender. Un empresario brasileño me comentó una vez, que de 10 gerentes generales del retail norteamericano a los que había solicitado una cita luego de que había comprado una cadena de retail de descuento en Sudamérica, sólo Walton respondió que si. “No sabíamos mucho sobre retail, por lo que queríamos conversar con ejecutivos que saben del negocio” me explicaba. “La mayoría ni siquiera respondió. Sólo Sam dijo – “Seguro, vengan” Ahí el brasileño se dio cuenta que Walton se veía a sí mismo como un estudiante y al contingente brasileño como profesores. “Me di cuenta que Sam estaba interesado en aprender de nosotros en primer lugar; nos aporreó con preguntas sobre Brasil por dos días antes de que yo pudiera finalmente tener la oportunidad de hacerle una sola y simple pregunta. Si no supieras que él era Sam Walton, podrías haber pensado que era un completo novicio.”

El difunto John Gardner, fundador de causa común y autor de “Self Renewal (Autorenovación)”, creía que la gente se estancaba en sus vidas y carreras porque acumulaban barreras. “Verás que tu mejor trabajo por lo general viene al principio de tu carrera, no después” me dijo una vez. “Entonces, la mejor manera que conozco para trabajar de la mejor forma a lo largo de una vida es tener múltiples nuevos comienzos en por el camino.”

Quizás por esto es que sentía ese fuerte instinto para instalar mi laboratorio de investigación en mi vieja sala de clases, como un recuerdo de que no importa cuán experto te vuelvas, la única manera de alcanzar altos niveles de maestría es dejando ir mi pericia y aprender como principiante todo de nuevo.

Esto, por supuesto, es difícil para la mayoría de nosotros, ya que nos gusta nuestra posición de experto en el orden jerárquico. Pero si la comparación es el principal pecado del estilo de vida moderno, y creo que así es, entonces necesitamos enfocarnos menos en la escala jerárquica y más en nuestro propio potencial. Cuando se trata de la escalada como una sala de clases, he aprendido esta lección por sobre las demás: no se trata sobre que tan bien trabajas en relación a los demás lo que importa, sino sobre como trabajas en relación a ti mismo y tu propio potencial. Y si eso significa transformarse en un principiante, que así sea.

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