El ermitaño de Las Chilcas, su historia y como llegar a imitarlo.

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Por años Juanito, nombre dado por la comunidad de LLay-llay al ermitaño de las Chilcas,  fue el solitario personaje que vivió  en la cuesta del mismo nombre, muchos  antes de que algún escalador pensara en escalar este famoso lugar. El mito urbano daba por sabido que era un médico el cual al ver perder en un accidente  a su  familia entra en locura y decide vivir el resto de sus días en dicho lugar, alimentado por la caridad de camioneros que le dejaban comida a menudo.
El ermitaño de las Chilcas existió y fue conocido por la mayoría de los escaladores que comenzaron a mediados de los 90 a escalar y equipar en

dicha zona.  La primera vía incluso lleva su nombre “La furia del ermitaño”, donde a su pies vivía  este extraño visitante, pero que abandono para evitar la cercanía de los escaladores que comenzaron a invadir su soledad, la cual era su tesoro más preciado.

Pero no podemos ser esquivos a la verdad y preferimos hacer la investigación  de este extraño personaje. Muere en junio de 1997, y dentro de las pericias dactilares  de policía de investigaciones se descubre que su nombre real  no estaba en ningún registro del colegio médico, y solo se encontró  como obrero que trabajo en la obras de la carretera 5 norte décadas antes, y de esa instancia ningún registro más de su vida.
El ermitaño pasó a ser un personaje y mucho más para la escalada donde incluso 15 años después de su muerte aun es recordado por quienes lo vimos pero jamás lo conocimos.
Pero que fuese médico o no ¿Cambia en algo las cosas?  ¿Por qué alguien inserto en la sociedad tomo tal decisión?
Pues la misma pregunta se viene a la mente, cuando vemos tanto ingeniero, abogado e incluso médico, por nombrar profesiones conocidas, dejan años de carrera, comodidad económica y social por la escalada. Casos sin dar nombres de ingenieros civiles que dejan trabajos de sueldos de 7 cifras por intentar otros rumbos, donde la inestabilidad será parte de la vida pero que estarán cerca de esa pasión que tanto les envuelve y maneja sus vidas.
Cuantos ermitaños de la sociedad y de régimen normal de la vida, he visto aparecer en estos años, que lo único que se cuestionan en sus vidas es porque no tomaron esa decisión antes, dejar todo por una vida en función de la escalada.
Es difícil entender como un deporte cala tan ondo sobre el destino de ciertas personas, pero no cabe ni duda que así como el ermitaño de las Chilcas, tomaran decisiones drásticas en sus vidas que harán de su pasión un estilo de vida del cual no podrán huir nunca.
No es el caso del estudiante, que encamina su carrera hacia el deporte,  son escaladores que terminan una carrera muy distante a la escalada (como podría ser un abogado) y que incluso en plena facultad de su labor profesional toman una decisión que bajo un juicio común de una sociedad estructurada es una locura tan radical como la que tomo el ermitaño de las Chilcas.
Nuestras vidas independiente de la religión que tengamos, es la que vivimos en el presente y para algunos esta sensación es de una vitalidad imposible de controlar, dejamos de ser esclavos de la sociedad para transformarnos en esclavos de nuestras propias pasiones.

Nunca lo sabremos, pero el ermitaño de las Chilcas habrá sido feliz en su vida, así como nuestra trasformación en ermitaños de nuestra profesión y sociedad  nos dará esa luz que tanto buscamos día a día, en su defecto tendremos la misma furia por seguir nuestros sueños como para morir de ermitaños.

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1 Comentario

  1. Yo conozco la historia trágica del hermitaño de las Chilcas, si es que es él. Yo estudiaba en el Liceo Valentin Letelier de Santiago, el primer año de humanidades. Fui compañero de Vilches, que era hijo de un médico que trabajaba en una oficina del Servicio de Salud que estaba en Mapocho, creo que aún existe. esto fue el año 1957. Fuimos varias veces a esa oficina con Vilches a ver a su papá por unos trabajos del liceo sobre unas ratas o conejos. Ese año nos despedimos en diciembre como buenos compañeros, avisándome Vilches que su papá había comprado un auto usado (creo que era un Ford del año 41) y que saldrían a veranear a la costa central.
    al año siguiente en los primeros meses del año 1958 supe de un accidente automovilístico en el camino a Melipilla de un auto que reventó un neumático muriendo toda su familia, quedando solo en conductor, quien era papá de Vilches. dicen que el médico se azotaba su cabeza contra los fierros del auto. Asi murió mi compañero de liceo, Vilchez
    Supe años después que él padre se alejo de la ciudad optando de la vida como ermitaño.

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