Tesis Lesiones mas frecuentes en escaladores – 4° parte

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Finalmente en este cuarto y ultimo capitulo de la tesis sobre incidencia de lesiones, les mostramos los resultados finales del trabajo.

para ver capítulos anteriores pueden pincha acá   ART1   –  ART2  – ART3ART4

RESULTADOS

Todos los datos fueron ingresados desde las encuestas en papel y online a una hoja de trabajo Excel utilizando Microsoft Excel 2010. Para el análisis estadístico se utilizó SPSS  versión 15.0.

El análisis descriptivo de los datos incluyó el cálculo de frecuencia  y mediana. Para la asociación de variables se utilizó Chi cuadrado con un 95 % de confianza, en el cual un nivel de p< 0,05 fue considerado estadísticamente significativo.

Un total de 192 encuestas completadas fueron

incluidas en el análisis final. La mayoría de los sujetos fueron hombres (83,9%), siendo el promedio de edad 28 años (rango  18-45) (Fig. 2).

Los tipos de escalada realizada más frecuentes en los encuestados corresponden a  ruta muro (34,4%) y boulder muro (33,8%) (Ver anexo Fig. 3). La mayoría de los sujetos se encontraban en el nivel intermedio (exigencia ruta 5.10c -5.11d, 37%. Exigencia boulder V3-V5, 20,1%) y avanzado (exigencia ruta 5.12a-5.13a, 16,9%. Exigencia boulder V6-V8, 11,7%) (Tabla 2). Gran parte de los escaladores (60,3 %) tiene 6 años o menos  de práctica de escalada (Fig. 4). Los sujetos practican a una frecuencia de entre 1 y 4 días por semana (77,9 %).

 

El número promedio de lesiones informadas en los sujetos fue de 1,82 (D.E 1,223) (Fig. 5) con 21,8% de participantes que no reportaron historia de lesión.

 

Las partes del cuerpo con mayor frecuencia de lesión fueron: mano (37,7%), hombro (22,1%), codo (15,6%). Las lesiones en extremidad superior representaron el 87,7% de todas las lesiones (Tabla 3).

Región del cuerpo Porcentaje % Parte del cuerpo Porcentaje %
Extremidad Superior 87,7 Hombro 22,1
Brazo 3,9
Codo 15,6
Antebrazo 5,2
Muñeca 3,2
Mano 37,7
Extremidad Inferior 6,5 Cadera 2,6
Muslo 3,2
Pie 0,6
Tronco 5,8 Espalda 5,8

Tabla 3.  Distribución de lesiones según parte del cuerpo

Las lesiones tendinosas y de bursa fueron el tipo más común (48,4%), seguidas de las ligamentosas (25,5%), musculares (12%) y articulares (7,8%)  (Fig. 6).

 

Los años de práctica de escalada tienen asociación significativa con la presencia de lesión (p=0,016) por lo que a mayor número de años practicando escalada mayor probabilidad de lesión (Ver Tabla 4), sin embargo, no existe asociación entre la presencia de lesión atribuible a la práctica de escalada y la edad cronológica (p=0,913), frecuencia de práctica  de escalada (p=0,09), tipo de escalada realizada (p=0,895) y el nivel de exigencia en el momento de la lesión (ruta p=0,550; boulder p=0,623).

En cuanto al comportamiento tras la lesión el 87,5% consulta por su lesión, de éstos el 80,4% al médico, el 14,3% al kinesiólogo y un 5,3% a otro profesional fuera del área de la salud (Fig. 7).

Fig. 7 Frecuenciadel tipo de profesional al cual acude el lesionado.

En cuanto al cumplimiento del tratamiento médico el 70,39% de los estudiados lo completa 29,61% no. De los derivados el kinesiólogo sólo el 49,23% cumple con el tratamiento mientras  el 50,77% no lo cumple.

Fig 8. Porcentaje de cumplimiento al tratamiento médico.

 

Fig 9. Porcentaje de cumplimiento al tratamiento kinesiológico.

 

DISCUSIÓN

Respecto a las variables sexo, edad cronológica  y años de experiencia en escalada, nuestro estudio es  similar a las investigaciones de Backe (2008), Cantero (2007), Gerdes (2006), Josephsen (2007), Neuhof (2011) y Zapata (2011). La mayoría de los escaladores que completaron la encuesta se encontraban en los niveles intermedio (ruta 37% y boulder 20,1%) y avanzado (ruta 16,9% y boulder 11,7%) tanto en boulder como en ruta. El 78,2% de los encuestados  presentó al menos una lesión. Esta alta frecuencia  se corresponde con los estudios de  Gerdes (2006), donde se reporta un 89% de lesionados en total de los encuestados. A partir de los datos construidos a través de la encuesta, el mayor número de lesiones se manifestó en los miembros superiores 87,7%. Este valor se encuentra en plena concordancia con los resultados de Backe (2008), Gerdes (2006) y  Rohrbough (2000).

Al desglosar  las lesiones del miembro superior por región, la mayor concentración se observó en lesiones de la mano 37,7%, seguidas por las de hombro 22,1%  y finalmente las de codo 15,6 %, orden que coincide con los estudios de Backe (2008), Gerdes (2006) y Josephsen (2007).

Considerando la totalidad de las lesiones registradas, aquellas que comprometen tendones o bursas son las más frecuentes, con un 48,4 %. Esto podría explicarse  ya que los movimientos repetitivos característicos de este deporte demandan estas estructuras con cargas no habituales, que aumentan proporcionalmente al grado de inclinación del eje del cuerpo respecto a la vertical, y los movimientos que exigen la generación de fuerza explosiva. Así mismo, la dificultad de la técnica implica realizar posiciones que demandan rangos articulares exagerados y la acción de músculos en situación de desventaja mecánica.  Los  períodos de recuperación relativa son, asimismo, demasiado breves por lo que las estructuras en riesgo no alcanzaría su “homeostasis”. Las lesiones ligamentosas aparecen en un segundo lugar frente a aquellas que comprometen tendones y bursas, con un 25,5%. Este porcentaje se distancia de las investigaciones de Backe (2008) y Neuhof (2011), donde las lesiones más comunes comprometen la vaina fibrosa que cubre los tendones flexores (especialmente aquellas que se encuentran en las falanges proximal y media), habitualmente ésta toma el nombre de  lesión de polea. Ésta se provoca probablemente por la gran carga postero-anterior que generan los tendones flexores sobre la vaina durante el momento del “agarre”. Esto es aún más habitual cuando el agarre es en regleta, es decir, cuando las articulaciones interfalángicas proximales se flexionan en 90º y la interfalángica distal se extiende completamente o se hiperextiende (Ver Fig 8). En este agarre, la polea A2  genera una tensión 40% mayor al resto de las poleas, por lo que es más propensa a lesionarse (Logan, 2004). Bolen (1990) reporta una incidencia de 40% en escaladores profesionales.  No obstante, los resultados de Schoffl (2006) y Klauser (2002)  muestran una diferencia notoria, con rangos entre 19% y 26%.

En cuanto a la frecuencia de práctica de escalada el 77,9% de los encuestados entrena entre 1 y 4 días por semana, este dato no puede ser contrastado con otros estudios  debido a que no hay consenso en cuanto a la medición de esta variable, Gerdes (2006) publicó que el 98% de los encuestados declaró que escalaba más de 10 días por año. Dentro de los lesionados en nuestro estudio  la mayor parte de los encuestados practica Ruta muro 34,4% y Boulder muro 33,8%. Backe (2008) describe una asociación entre el riesgo de sufrir una lesión y la práctica de boulder,  esto se puede explicar debido a que la diferencia del número de personas lesionadas que practican boulder y ruta en muro en nuestro estudio es mínima (1 persona) lo que puede ser producto del  azar.

Tras la prueba de chi-cuadrado sólo hemos encontrado asociación entre los años de práctica de escalada y la presencia de lesión. Por lo que podemos inferir que a mayor número de años practicando escalada mayor probabilidad de producción de lesión (p=0,016) lo que significa que las variables no son independientes, estos datos son similares a los entregados por Neuhof (2011) en el cual se relaciona la producción de una lesión y la práctica de escalada por más de cinco años, también describe asociación entre el nivel de exigencia, años de práctica de escalada (experiencia) y  frecuencia de práctica en la producción de al menos una lesión. Estos resultados puede deberse a la gran discrepancia entre el número de sujetos estudiados  (n=1962 v/s n=192).

La edad cronológica (p=0,913), frecuencia práctica de escalada (p=0,09), tipo de escalada realizada (p=0,895) y el nivel de exigencia en el momento de la lesión (ruta p=0,550; boulder p=0,623) no tienen asociación con la presencia de lesión atribuible a la práctica de escalada.

De los lesionados el 87,5% consulta a un profesional por su lesión, de los cuales el 80,4% acude al médico y el 14,3% al kinesiólogo. De los que acuden al médico 70,39% completa el tratamiento y en el 58,66% de los casos es derivado a rehabilitación kinésica en donde el 49,71% señala haber completado el tratamiento. Estos datos difieren de los obtenidos en España  por  Cantero (2007) en donde el 28% de los lesionados consulta por su lesión y la mayoría lo hace acudiendo a un fisioterapeuta 66,6%. En dicho estudio el 28,5% acude al médico y sólo el 3% es derivado a rehabilitación.

LIMITACIONES DEL ESTUDIO

La mayor limitación de este estudio es la inexistencia de cuestionarios en español para el estudio de la epidemiología de las lesiones en escalada, lo que redujo el tiempo para la toma de datos (por el mismo proceso de construcción y validación de nuestra encuesta).

No existe una base de datos que reúna información sobre éstas debido a la ausencia de especialista en el diagnóstico y tratamiento de las patologías de dicha población en estudio.

Sin información sobre el universo total de escaladores que practican escalada en Santiago de Chile.

En Chile, el acceso a la literatura respecto al tema  puede realizarse sólo a través de pedidos al  extranjero.

CONCLUSIÓN

Se observa una mayor incidencia en los miembros superiores (87,7%) concentrándose esta cifra en las regiones de la mano, hombro y codo respectivamente (75,4% entre las tres regiones mencionadas). Del total de las  lesiones presentadas, el 48,4% corresponde a tendones y bursas, seguidas por ligamentosas, 25,5%.

En cuanto a los factores de riesgo en este estudio, sólo encontramos la existencia de asociación entre los años de práctica de escalada y la presencia de lesión con un p=0,016; por lo que mientras más años de experiencia en la práctica de escalada es más probable que se produzca una lesión. Por lo que rechazamos la Hipótesis 2 para las variables: edad cronológica, frecuencia de práctica de escalada, nivel de exigencia y tipo de escalada realizada, debido a que no encontramos la significancia necesaria (p < 0,05) en la prueba de Chi cuadrado a un 95% de confianza.

A pesar de que este estudio no es representativo a toda la población, se encuentran fuertes concordancias en cuanto a la frecuencia de región del cuerpo lesionada y tipo de tejido lesionado con estudios realizados en otras poblaciones.

Podemos declarar que debido a la alta recurrencia de lesión en MMSS y considerando la poca adherencia al tratamiento es necesario plantear estrategias de prevención y educación para intervenir en la población de practicantes de escalada en Santiago de Chile.

Cabe destacar que si bien este estudio es piloto, marca una base para la realización de otros estudios relacionados al tema tanto en Chile como en Latinoamérica.

PROYECCIONES

Siendo esta investigación descriptiva y transversal aporta al conocimiento de la epidemiología de las lesiones en escalada en Chile, no obstante estos resultados deben ser complementados con estudios de correlación múltiples y longitudinales con el fin de analizar las variables de manera más precisa y descartar aquellas que no aporten información ya que difícilmente se da el caso de que podemos atribuir a una sola variable los resultados en otra.  Este tipo de estudio propuesto aporta en disminuir el sesgo de información que se puede dar al recolectar datos de hechos pasados de manera transversal.

En particular serían de suma utilidad estudios que permitan precisar el tipo de lesión de manera específica, por ejemplo, desgarro del supraespinoso y relacionarlo con factores causales, por ejemplo, falta de entrenamiento físico regular.

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