GESTIÓN DEL MIEDO EN LA ESCALADA 3/6

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1994

310036_10151524505149892_889588747_nEfecto Pigmalión o Profecía Autocumplida: El poeta Ovidio escribió en su obra “Las Metamorfosis” el mito de Pigmalion y Galatea. Pigmalion, rey de la isla de Chipre, esculpió una estatua de mujer en marfil tan perfecta que de tanto admirarla acabó enamorándose de ella. La diosa Afrodita transformó a la estatua en una mujer real, Galatea, con la que Pigmalion se casó.
Este mito sirvió de título al libro “Pygmalion in the classroom” que el psicólogo Rosenthal escribió para demostrar la influencia de lo que pensamos de los alumnos en su desarrollo intelectual y rendimiento escolar.

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Aunque este término ha sido muy utilizado en el ámbito educativo, es transferible a cualquier esfera. En el caso de la escalada a veces nos rodeamos de personas que sin saberlo y por exceso de protección no favorecen en absoluto la superación de miedo, al animarnos a hacer las vías en toprope por miedo a que nos caigamos o por falta de confianza en que podamos hacerlo. Una profecía autocumplida es una expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la expectativa se vuelva cierta.
De forma que si nos rodeamos de personas cuyas expectativas y previsiones sobre nuestro rendimiento son que alcanzaremos el éxito de nuestro objetivo, posiblemente facilitará que lo consigamos.

Feedback facial o cara positiva (SONRIE): sin duda esta es una de mis preferidas. De las aportaciones de la Psicofisiología, donde se considera la multidimensionalidad de las emociones, se postula que existe una relación entre nuestro estado de ánimo y nuestras expresiones corporales en los dos sentidos: nuestras emociones influyen en nuestras expresiones corporales y a su vez éstas influyen en nuestras emociones. Por tanto, si realizamos un entrenamiento corporal con el que aprendamos a regular nuestro cuerpo de modo que éste tenga una expresión positiva ello contribuirá a que nos sintamos bien. La explicación de este fenómeno radica en que los diferentes gestos del rostro tienen propiedades intrínsecas que los hacen más o menos placenteros, quizás porque alteran la forma en que la sangre fluye al cerebro yen consecuencia su bioquímica. Esta teoría propone que los músculos de la cara se contraen y relajan, actuando como válvulas de numerosos vasos sanguíneos que terminan influyendo en la sangre y en la temperatura de determinadas zonas cerebrales.
Tener una cara positiva consiste en esbozar una sonrisa suave y mantener el resto de músculos de la cara relajados. Para mantener los músculos faciales relajados podemos limitarnos a observar aquellos que estén tensos, con lo cual tenderán a relajarse gradualmente . Si te fijas en alguien que está en una sección dura de escalada su rostro presenta expresiones de preocupación y en otros caso de miedo, de forma que si conseguimos cambiar esta expresión posiblemente se producirá un cambio en la emoción que predomine en ese momento.
Otra explicación para este fenómeno es conductista. Así como Pavlov logró condicionar a los perros para que asociaran el sonido de una campana con la expectativa de recibir comida, los humanos rápidamente asocian el sonreír con sentirse feliz. Y una vez que la relación se ha establecido, sonreír es, por sí mismo, suficiente para producir sentimientos agradables.
Evaluación de riesgos: En una entrevista a Kurt Albert publicada en la revista desnivel, éste respondía a una pregunta sobre el miedo de la siguiente manera: “Siempre busco la forma de aprender a manejar y calcular el riesgo. Pienso que existe un equilibrio: el miedo está en el camino pero no puedo llegar al pánico y a pensar que voy a matarme. Este miedo aparece en las vías de grandes paredes o cuando escalo en solo. Pero necesito controlar la situación, los movimientos, las decisiones…”
Hay que tener presente que entre cualquier hecho que ocurra y su respuesta emocional está siempre la forma en que evaluamos esa situación. Por su parte, la evaluación de riesgos es lo que condiciona tanto el proceso de toma de decisiones como el de solución de problemas.
Tras la percepción del peligro, sea objetivo o no, la evaluación de riesgos es el siguiente paso, donde valoramos las posibles consecuencias asociadas a la ejecución o no de nuestra conducta, es decir, seguir escalando o caer, cuyo objetivo es determinar la naturaleza de un riesgo, y solucionarlo en el caso de que hubiera que hacerlo (solución de problemas); o establecer las medidas adecuadas para minimizarlo o limitarlo a un nivel aceptable (tomar una decisión). Es decir, una persona con un estilo cognitivo reflexivo o conservador tenderá a colgarse del seguro puesto que su valoración del riesgo será mas negativa; mientras que una persona cuyo estilo cognitivo sea más impulsivo tenderá a seguir escalando puesto que su evaluación del riesgo será más laxa.

El proceso de toma de decisiones se puede llevar a cabo automáticamente o conscientemente. Consiste en encontrar una conducta adecuada para resolver una situación problemática, en la que, además, hay una serie de sucesos inciertos. Una vez que se ha detectado una amenaza, real, imaginaria, probable o no, y se ha decidido hacer un plan para enfrentarse a ella, hay que analizar la situación: hay que determinar los elementos que son relevantes y obviar los que no lo son y analizar las relaciones entre ellos y la forma que tenemos de influir en ellos. Este paso puede dar lugar a problemas, cuando se tienen en cuenta aspectos irrelevantes y se ignoran elementos fundamentales del problema. Una vez determinada cual es la situación problemática y analizada en profundidad, para tomar decisiones, es necesario elaborar modelos de acciones alternativas, extrapolarlas para imaginar el resultado final y evaluar este teniendo en cuenta la incertidumbre de cada suceso que lo compone y el valor que subjetivamente se le asigna ya sea consciente o automáticamente. Así se obtiene una idea de las consecuencias que tendría cada una de las acciones alternativas que se han definido y que puede servir para elegir la conducta más idónea como el curso de acción que va a solucionar la amenaza.
Para que este proceso sea existoso es imprescindible tener un amplio conocimiento en la materia o en el deporte, del material, de las técnicas y experiencia. Pongamos como ejemplo que estamos escalando una pared y nuestro compañero de cordada se cae y no tenemos cobertura en el móvil. En esta situación nuestra toma de decisiones ha de ser impecable, no solo para que el miedo no nos paralice ni no para resolver con éxito tal situación. Para ello es preciso conocer técnicas de autorescate, distintas utilidades del material, tener información sobre la ruta, y el descenso, tener conocimientos de primeros auxilios, etc…

“Todos sabemos por experiencia propia que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos, en aquellos momentos en los que nos vemos arrastrados por las emociones nuestra inteligencia se ve claramente desbordada”Daniel Goleman.

By INMA GARRIDO
Estudio psicología,máster en psicología del deporte. Mas de 15 años escalando y miembro de EFA (Equipo Femenino Español de Alpinismo) y trabaja en el Servicio Andaluz de Empleo.

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